
Lo malo de según que promesas es tener que cumplirlas. Lo bueno, la satisfacción de haberlo hecho. Poco se pensaba en el buen amigo, excelente penaguilero y mejor perico, Ximo, la que se iba a liar cuando propagó a los 4 vientos que si l'Espanyol salvava el pellejo (es decir la categoría) se encargaría de restaurar la cruz que domina la montaña del pueblo y que las últimas tormentas de primavera habían dañado. Por empatía blanquiazul, me tocó también suscribir la mencionada promesa que al final ha tenido que hacerse realidad.

Afortunadamente, se unieron a la causa un buen número de voluntarios que nada tenían que ver con nuestros colores pero sí con esta iniciativa solidaria. Así que ayer, de buena mañana una primera avanzadilla procedió a retirar los palos de la nueva cruz, ni más ni menos que dos postes telefónicos de casi 8 metros de longitud cada uno.

El buenhacer, los conocimientos y la disponibilidad de material de varios de los presentes permitió en unas horas lo que ni el buen Ximo ni yo hubiéramos conseguido en un mes. Conceptos como "contratuerca para hacer el extractor" se incorporaron de repente a mi vocabulario y el de tantos otros como el Javier, el cura, quien no daba crédito al ver que entre la veintena de presentes no se encontrara casi ninguno de sus habituales parroquianos. De hecho ignoraba que la restauración que se iba a llevar a cabo respondiera más a votos futbolísticos que religiosos. Pero fuera cual fuera la fe que cada uno profesara, lo que estaba claro es que una cruz y las ganas de hacer algo útil y duradero por Penáguila habían unido ese domingo de agosto a un grupo de personas, muchas de las cuales no tenían hasta entonces nada en común, en muchos casos no habían intercambiado jamás una palabras e incluso algunos ni se conocían.


Una vez estampados nuestros nombres en el mástil principal (recordatorio a Dani Jarque incluído) se iniciaba la etapa más dura, subir la cruz hasta la montaña. Nuestro 'via crucis' particular incluía 800 metros de recorrido abrupto, salvando desniveles, zarzas y aliagas, cargando con los 2 maderos, cuerdas y herramientas hasta llegar al promontorio que domina el pueblo. Una gesta que está recogida en
abundantes reportajes fotográficos.

El camino fue duro pero la excelente organización de unos y otros nos permitó alcanzar el objetivo sin sufrir más daños que los consiguientes arañazos y quemaduras de sol. Procedimos entonces a retirar la anterior cruz, colocada hacía más de 30 años por otro grupo de valientes entre los que se encontraba mi suegro y a sustituirla por la nueva con un movimiento de colocación que recordó al de los soldados norteamericanos en Iwo Jima.

Coincidencia o no, en el momento de alzarla, empezaron a repicar las campanas de Penáguila. Aprovechamos para tomar las fotos de rigor e iniciar el camino de descenso al 'poble', donde nos esperaban nuestras familias y un buen 'esmorzarot' que terminó en melopea.


Gracias en mi nombre y en el de Ximo a todos por vuestra colaboración, por hacer que cuando estemos en Penáguila y levantemos la vista al cielo, allá en el horizonte veamos nuestra obra acabada y podamos decir a nuestros hijos: "Veis esa cruz?... pues la plantó vuestro padre y un buen grupo de amigos una calurosa mañana de agosto de 2009". Gracias Ximo, Javi, Diego, José Carlos, Toni el Gat, Campana, Javier, Quique, Maika, Carmelo, Sento, Pablo, Toni, Quino, Trejo, els Barrachina, Jordi, Jorge, Juan Alberto y demás que vinistéis después a darnos vuestro apoyo.

Y cómo lo prometido es deuda, tal y como anuncié antes de mis vacaciones de verano, la familia bloguera se ha ampliado con nuevos enlaces. Disfrutad!