Zeta Hiroshima
Hace 5 años
Vivirla... beberla... sorbo a sorbo, trago a trago, litro a litro

parkasse de Freiburg y con cierre con llave, un auténtico lujo 'made in Deutschland' para un chaval como yo. Recuerdo esas tardes vaciando la/las huchas y haciendo montones de moneditas, ordenándolas por tamaños y valores para que luego mis padres ingresaran mis pequeños ahorrillos en esa libreta (ahora se llama cuenta corriente) que a todo hijo de vecino se le abría al poco de nacer. Así pasaron los años, me fui haciendo mayor y ese tío Gilito que llevo dentro también fue creciendo hasta llegar a nuestros días. Por supuesto, también existieron los típicos períodos adolescentes de asaltar la hucha para despilfarrar lo guardado pero la base, el ahorro, se mantuvo. Con el tiempo y la edad, las costumbres se modifican y vamos por ahí tirando de tarjeta (todos), especulando (algunos) y viviendo de la nostalgia (sólo unos pocos). Lo reconozco, pertenezco al último grupo. Hace unos años recuperé la hucha, una nueva, un cerdito, de cerámica, multicolor, con sus corazones... y en él, a diario y siguiendo el ejemplo del soci Pere, mi Sra y yo depositamos las menudencias sobrantes, las monedas de 20 céntimos y valores inferiores, y también todas aquellas de 50 cts y superiores no españolas. Pruébenlo, se lo recomiendo, si consiguen seguir la rutina sin saltársela y sin caer en la tentación del saqueo, se sorprenderán. En nuestro caso, el sábado tocó recuento, el cerdito regolfaba monedas y pesaba lo suyo. Lástima que en esta ocasión, el fruto de nuestro ahorro no pudo destinarse ni a viajes ni a soparots... Una vez colocadas las monedas en sus 'blisters' (así se llaman los cartuchos - somos profesionales, que os pensábais) han servido... para pagar un nuevo lavavajillas.