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lunes, 3 de noviembre de 2008

Tomate, tomate y para rematar...olivas!!!


Nunca fuí un hombre de campo a pesar de vivir en un pueblo, de pasado agrícola. Mi familia se dedicaba a lo que se viene llamando el sector servicios (advierto de antemano que ni poseía ni trabajaba en ningún club de carretera) y de mis 7 tíos sólo uno flirteaba con la agricultura en el poco o mucho tiempo libre que sus múltiples aficiones artísticas le dejaban. Si a ello le juntamos que la localidad que figura en mi partida de nacimiento y donde me crié (Sant Joan Despí) está ubicada en el denominado cinturón industrial o cinturón rojo de Barcelona pues comprenderéis mi alejamiento parcial de la Madre Tierra. Todo cambió a los 14 años cuando fui condenado a galeras por mi mal comportamiento (vandalismo urbano -kale borroka si fuera vasco- durante una noche de verbena de San Juan). Además de pasar por comisaría donde no tuve ningún reparo en confesar (sin tortura previa) el nombre de cada uno de mis cómplices (en realidad autores materiales de los hechos) me fue ordenado (por mi Sr padre) dedicarme a la recogida del tomate en exclusiva durante todas y cada una de las tardes de lunes a viernes de los meses de julio y agosto. Tal pena se ejecutó sin posibilidad de ser recurrida y héteme aquí, currando 20 horas semanales por las cuales, el payés (sin obligación alguna) me recompensaba con 1.000 pesetillas. Por si fuera poco, al año siguiente se repitió la escena (que no el vandalismo) y claro, mano de obra tan barata y ya enseñada (eso sí es explotación laboral, infantil y las 2 cosas a la vez) no se podía despreciar.

Nunca más volví a pisar un campo ni a comer un tomate (de hecho ya no los comía antes) hasta mi llegada a Valencia y la posterior incursión en mi familia política. Entre ellos, en Penáguila y ya por gusto me he reencontrado con el placer del sudor, del madrugar, del deslomarse cortando leña o poniendo mantas para la campaña de la aceituna (yo siempre le he llamado oliva). Esa fue mi gran ocupación durante este sábado, acompañado de cuñao y suegro, y mis femorales y gluteos pueden dar buena constancia de ello. No hay documento gráfico del momento pero sí de la cosecha del 2006 en la cual recogimos de les oliveres del viver 264 kg de materia prima que llevadas después a l'almàssera nos permitieron aprovisionarnos de aceite. Yo este año ya he cumplido, la familia acabará la faena , así que, esperemos que la cosecha sea benévola y superemos la marca. En el fondo, detrás de este urbanita que os cuenta 1001 historias, se ha forjado, por la fuerza o por la propia voluntad este pequeño hombre de campo que ahora soy.